La teoría de la X

Iba a poner un post acerca de las relaciones románticas en general (y, me parece, todavía lo pondré en el futuro), pero primero creo conveniente aclarar un punto del cual hemos platicado de manera por demás extensa unso amigos y yo, sobre todo durante los últimos 2 meses (por razones obvias que nunca publiqué, pero que cualquiera leyendo este blog seguramente conoce).

El punto a aclarar es una teoría acerca de la naturaleza de las personas en el contexto del nivel de entrega que muestran a la hora de las relaciones. A estas alturas, la teoría ya ha sufrido correcciones y adiciones, pero bueno, ya llegaremos a ellas cuando sea el momento.

Conceptos previos

Bueno, pues comencemos. Consideremos dos funciones muy conocidas, la exponencial y el logaritmo:

Función exponencial Función logaritmo

Y… que tiene que ver esto con el tema? Bueno, supongamos que renombramos los ejes (y también la función, por cierto) de forma que la gráfica queda como sigue:

Exponencial con ejes
Logaritmo con ejes

Evidentemente, funciones complementarias. Consideremos que las funciones se llaman X y Y (mayúsculas), y la variable independiente es, justamente, c (el ‘cariño’, que conforme avanza evoluciona a amor). Es notorio como trabaja la función X: con solo un pequeño avance en el eje del cariño (que sientes por la otra persona – esto está implícito, pero supuse que era obvio), se produce un avance sustancial en el eje de ‘lo que das de tí’; y, por supuesto, ‘lo que das de tí’ tiende a infinito, para valores suficientemente grandes de ‘cariño’.

Que es ‘lo que das de tí’? Pues… justamente lo que dice! ¿Qué estás dispuesto a dar, a brindarle a tu pareja, a sacrificar incluso por esa persona? Cada quien tiene sus cosas: tu trabajo, tus pasiones, tu tiempo incluso! Son cosas que son valiosas para tí, y que en condiciones normales no considerarías eliminar (ni siquiera, digamos, bajarles la prioridad)… excepto cuando se trata de esa persona, por supuesto. En ese caso, nada te cuesta hacer:

ps | awk '{ print $1 }' | xargs -I {} renice {} 20

(con todo y el error que te mostraría en el primer término). Para los que no saben UNIX, es el equivalente a decir que podrías poner todo lo tuyo en espera… por esa persona.

Entonces, que pasa con una persona X? Se entrega, mucho y muy rápido. Se entrega de forma irracional, y mientras más siente por su ‘media naranja’, más se entregará, y lo hará (y esto es muy importante) sin considerar que se está entregando mucho, y sin considerar lo que recibe a cambio. Las personas X están allá afuera: son tu amiga cuyo novio le grita y le hace escenitas afuera de su chamba (pero, pobrecito, tiene mucho estrés!); tu cuate que te cuenta como su chica lo dejó esperando 1 hora en el metro (y es que, claro, ella tiene cosas que hacer…), puedes ser tú mismo, que hiciste algo que, visto desde afuera, sería completamente irracional – pero, desde adentro, lo ves como lo más natural y normal del mundo. Y es que, digo, ¿Qué no se tratan de eso las relaciones? O al menos, así piensa el X.

Y en la otra esquina… tenemos al Y. La persona Y es el opuesto polar de la X; es una persona que, no importa cuanto llegue a sentir por alguien más (y, puntualicemos, no lo estamos limitando en cuanto al nivel de cariño/amor que puede alcanzar), jamás superará un cierto punto de ‘lo que das de tí’. Es un comportamiento asintótico – ¿qué, creían que escogí el logaritmo nada más porque sí? – porque incluso ese límite es inalcanzable. Un ejemplo clásico de Y diría algo como “yo NUNCA le daría a mi novia mi contraseña de root!” o, en términos ligeramente menos ñoños, “yo NUNCA le prestaría a mi novio mi celular”. El límite ciertamente es arbitrario y, ciertamente, variable; según la Y en cuestión, el límite puede estar más arriba o más abajo en el eje vertical. El punto es que el límite existe, y su naturaleza asintótica garantiza que nunca, nunca, NUNCA verás esa condición cumplida, para la Y en cuestión.

Cuestión de enfoques

Por supuesto, uno pensaría, los X son una monserga. Después de todo, es lógico pensar que un X va a querer recibir lo mismo que da, no? Igualmente, acaso no son los Y las personas menos exigentes, porque no pretender dar mucho?

Sí, claro… en un mundo ideal. La bronca con esta ideología es que pensamos que la famosa regla de oro (parafraseando, ‘trata a los demás como quisieras que te trataran’) es aplicada en efecto; pero como todos sabemos, es mucho más probable que tratemos muy diferente a las personas, que como nos tratan a nosotros. Seguramente hay un misterio místico por aquí, pero no hay tiempo para ello.

El punto es que es curioso que el comportamiento se invierte cuando hablamos de recibir, en vez de dar. De nuevo, unas gráficas nos serán sobremanera útiles:

Requerimientos de Y

Requerimientos de X

Por supuesto que todo esto son inferencias mías… pero pues es lo que, aparentemente, se ha demostrado a lo largo de la experiencia. Conforme avanza la relación, o pasa el tiempo (en realidad no pude decidirme por cual etiqueta sería la más apropiada para el eje, para vergüenza de más de uno de mis profesores de estadística), los X son notoriamente estables: piden, a lo sumo, una cierta constante mínima para satisfacer sus necesidades. Igual que con la entrega de Y, esta constante es arbitraria y puede ser engorrosamente grande o pequeña, dependiendo de la persona. Los Y, sin embargo… tienden a exigir más y más de la relación. Y es que, comienza bastante simple, sin pedir nada (o un valor 1, por decir cualquier cosa), pero como en toda relación, escala… solo que aquí seguirá escalando. “Compréndeme” es un término muy común en esta situación: “así soy… *compréndeme*. Dependiendo de la contraparte, esto solo podrá seguir escalando, con consecuencias… bueno, hilarantes, si lo ves desde afuera 😀

Cada oveja con su pareja

Finalmente, como son las interacciones entre estos elementos?

La relación Y-Y es probablemente la más común, y la menos duradera. Si tienes a dos personas con límites bien definidos de hasta donde llegarán en una relación, lo que están dispuestos a dar y lo que no, y todas esas pavadas que hoy en día se le conoce como “relación saludable”, tendrás, efectivamente, la más aséptica de las relaciones: sin problemas, sin infracciones… sin pasión, probablemente. Oh, no me malentiendan; sé que el lado físico puede ser muy bien llenado en este tipo de relación (asumiendo, claro, que los Ys en cuestión no tengan problemas con ese departamento). Me refiero más bien a la pasión en su iteración más abstracta, ese sentimiento irracional por la otra persona.

Las relaciones X-Y, por supuesto, son las más tortuosas para todo el mundo: los involucrados, sus amigos, los conocidos, la gente que se cruza con ellos en la calle… El problema fundamental con las relaciones X-Y es el mismo que todas las relaciones co-dependientes del mundo: las manías de uno alimentan a las del otro, al punto que incluso los dos se sienten a gusto con ese equilibrio. El detalle es que no es una simbiosis, porque si consideramos los parámetros estudiados, veremos que el X seguirá dando más y más y el Y seguirá pidiendo más y más… y esto solo es sostenible siempre que Y se entregue tanto como X lo necesita. Si en algún momento las necesidades de X (por limitadas que sean) superan lo que Y le entrega, se acabó.

Finalmente, las relaciones X-X son, en mi opinión, la situación ideal: dos personas comprometidas a una relación, sin límites ni acuerdos, solo la convicción de estar juntos. Curiosamente estas cosas nunca se discuten abiertamente en los ‘cuestionarios’ que realizamos cuando evaluamos a una pareja potencial (“te gusta el cine?” “yo *adoro* la música punk, y tú?”); sin embargo, tácitamente se firma el contrato entre dos X, y la situación es, hasta donde puedo ver, la mejor. Falta ver un caso práctico…

Bueno, se aceptan comentarios. Creo que será el post más largo que haré en mucho, mucho tiempo.

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